domingo, 20 de enero de 2013

La profesional de las emociones

Como la sal en una herida abierta, ella se introducía en mi corazón a sabiendas de que finalmente me escocería. Sus conocimientos y estudios sobre la mente humana los ponía al servicio de su propia vida y la de los demás convirtiéndola en una profesional de las emociones.

Arina iba a ser un nombre que retumbaría en mi cabeza durante horas y días, meses sin descanso a la espera de una salida. Ella sabía perfectamente cuándo, cómo y en qué momento debía mostrarse cálida y cercana, para transformarse de repente en un ser distante y calculador de los sentimientos. De nada sirvió demostrarle mi pasión por ella. De nada sirvió arrodillarme de forma humillante ante su amor controlado.

La invitación a la locura llamó a mi puerta con ánimo de hospedarse definitivamente. Suerte que alguna de mis ventanas estaban abiertas por donde poder escapar de este espacio sin retorno. Pude quedarme habitando con ella, pero la razón y una gran porción de lógica fue la que me hizo saltar de mí trono placentero.

Igual que una droga bien estructurada, su toxicidad aún permanece paseando por mis venas. Cada latido de mi corazón me hace sentir un dolor inesperado cargado de angustia y desesperación a la que invito a que abandone mi ser.
El conocimiento que te ofrece el transcurso de la vida a través de las primaveras cumplidas, me hace estar convencido que realmente ese dolor terminará aceptando mi invitación y huirá de mis entrañas dejándome finalmente en paz conmigo mismo. Nunca habrá más verdad que la que realmente siente nuestro propio corazón. Nunca será más veraz una caricia que la que nos demuestra nuestra propia piel al darla o recibirla.
Qué difícil es dejar de querer cuando realmente se ha querido. Qué difícil es dejar de amar cuando has surcado los océanos del bienestar emocional junto a una persona.

Iguel Hama

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